Justicia, paz y seguridad: Mujeres Indígenas exigen respuestas frente a la impunidad y la violencia en sus territorios

En el marco de la CSW70, el evento paralelo organizado por FIMI, IWGIA, AIPP y NIWA reunió voces de distintas regiones para poner en el centro los desafíos que enfrentan las Mujeres Indígenas en el acceso a la justicia en contextos de conflicto, militarización, violencia sexual, criminalización y despojo territorial.

La jornada inició con unas palabras de Lola García-Alix, de IWGIA, quien introdujo este espacio de diálogo sobre mujeres indígenas, justicia, paz y seguridad. Posteriormente, Norma Sactic, de Amic, Guatemala, guió una breve ceremonia  para abrir el encuentro desde la conexión espiritual y fortalecer la palabra, el pensamiento y el trabajo articulado entre redes y territorios.

Durante la apertura, Laura Risanen, Secretaria de Estado de Finlandia, subrayó que los derechos corren el riesgo de quedar en palabras vacías si no existe un acceso real a la justicia. Señaló que, aunque el pueblo Sami cuenta con reconocimiento constitucional en Finlandia, persisten barreras concretas, entre ellas la falta de servicios en sus lenguas originarias y la violencia basada en género. También destacó la importancia del informe final presentado en diciembre de 2025 por la Comisión de Verdad y Reconciliación Sami, que incluyó más de 60 recomendaciones asumidas con seriedad por el Estado finlandés.

Por su parte, Leonor Zalabata, Embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas, afirmó que mientras exista impunidad no habrá justicia, y que sin justicia la paz seguirá siendo una promesa vacía. En su intervención, resaltó que las Mujeres Indígenas han sostenido históricamente la vida colectiva y recordó que, aun dentro de espacios profundamente patriarcales como Naciones Unidas, ha sido posible avanzar en instrumentos clave como la Recomendación General No. 39 de la CEDAW sobre los derechos de las Mujeres y niñas Indígenas. No obstante, advirtió que la agenda de Mujer, Paz y Seguridad debe aterrizarse en los territorios, donde las Mujeres Indígenas enfrentan violencia sexual, criminalización y amenazas permanentes.

Moderado por la profesora Elsa Stamatopoulou, el panel profundizó en las múltiples formas en que los conflictos impactan la vida de las Mujeres Indígenas. Aunque el mandato del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas no aborda explícitamente la paz y los conflictos, la moderadora recordó que este tema entró en la agenda internacional gracias al impulso de las propias Mujeres Indígenas desde 2004, precisamente porque la violencia territorial, la militarización y el despojo afectan directamente sus vidas.

Desde Canadá, Leia Nicholas-McKenzie alertó sobre la persistencia del racismo y la marginalización incluso en contextos que formalmente no se consideran de guerra. Recordó que las Mujeres y niñas Indígenas en Canadá enfrentan tasas de violencia sexual al menos tres veces mayores que las mujeres no indígenas. También denunció la criminalización de defensoras indígenas en otros contextos y afirmó que los derechos de las Mujeres Indígenas no pueden separarse de los derechos colectivos de sus pueblos, ya que la violación sistemática de estos derechos constituye uno de los principales factores de riesgo para la violencia de género.

En representación de la Red de Mujeres Indígenas de Asia, Rinda Yamashiro describió cómo, en distintas partes del continente, los territorios indígenas son afectados por megaproyectos impuestos sin consentimiento libre, previo e informado, al mismo tiempo que se profundiza la militarización. Compartió casos recientes de violencia en Bangladesh y Okinawa para mostrar cómo los intereses económicos y militares aumentan la vulnerabilidad de las Mujeres Indígenas. Frente a ello, insistió en la necesidad de contar con sistemas de justicia culturalmente apropiados que reconozcan también los mecanismos de justicia indígena.

Desde América Latina, Rosalee González, del Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA), expuso un panorama marcado por barreras estructurales e impunidad. Mencionó casos emblemáticos, como el de Ernestina Ascencio en México, la violencia sexual contra niñas indígenas en la Amazonía peruana y la desaparición de la defensora mapuche Pura Tiura. Frente a esta realidad, sostuvo que es indispensable fortalecer la justicia ancestral, basada en la reciprocidad y el Buen Vivir, y exigir que tanto los sistemas estatales como los sistemas indígenas protejan efectivamente la dignidad, la vida y los territorios de las Mujeres Indígenas.

Desde Groenlandia, Emma Leonard, del Consejo Circumpolar Inuit, recordó que el Ártico no es un territorio de interés geopolítico abstracto, sino el hogar de los pueblos Inuit. Su intervención puso sobre la mesa la gravedad de la llamada “coil campaign”, en la que miles de Mujeres y niñas Inuit fueron sometidas a la colocación de dispositivos intrauterinos sin consentimiento, una forma de violencia reproductiva que sigue teniendo consecuencias profundas. También insistió en que la justicia implica participación real en la toma de decisiones, y que las Mujeres Inuit deben ser reconocidas como lideresas y portadoras de conocimiento sobre el futuro de sus territorios.

En el cierre, Teresa Zapeta recordó que la justicia no puede seguir siendo pensada sin las Mujeres Indígenas. Subrayó que debe construirse con ellas, desde su liderazgo, sus conocimientos y sus sistemas propios, como un instrumento capaz de fortalecer tanto la dimensión individual como la colectiva de sus pueblos.

El evento dejó un mensaje claro: el acceso a la justicia para las Mujeres Indígenas no puede abordarse de manera aislada de la defensa del territorio, los derechos colectivos, la participación política, la memoria, el financiamiento felxible y la autodeterminación. Hablar de paz y seguridad exige escuchar a las Mujeres Indígenas, reconocer sus propuestas y actuar frente a la impunidad que sigue marcando sus vidas y comunidades.

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