DEFENDAMOS NUESTROS TERRITORIOS Y BIODIVERSIDAD COMO MUJERES INDÍGENAS

El cuidado de la tierra, ríos y bosques, y de la vida de las comunidades que habitamos en ella es una tarea urgente que tenemos los Pueblos Indígenas de todo el planeta. Aquí, las experiencias de lucha de Lideresas Indígenas de Asia y Latinoamérica nos muestran cómo podemos promover la preservación del ambiente y frenar el impacto del cambio climático.

Un valor muy profundo del Pueblo Sasak, en Indonesia, es el de “Bersiru” que significa ayudarse mutuamente. Esto implica tener el compromiso de colaborar como familia y comunidad hasta la siguiente generación sin romper la cadena que se transmite a modo de herencia desde los mayores hasta los más pequeños.

Si a eso sumamos la defensa de la tierra, los ríos, los bosques y las montañas como parte de un legado ancestral que hoy se vuelve necesario y urgente, veremos cómo las Mujeres Indígenas estamos dando una lucha desde nuestras comunidades para preservar el ambiente, proteger nuestros recursos naturales y frenar el impacto del Cambio Climático en las regiones que habitamos.

Un caso paradigmático de este avance es el trabajo de Rohani Inta Dewi, de 28 años, quien como lideresa del Pueblo Sasak y tras recibir formación en Relaciones Internacionales, se sumó a la red de defensores de la comunidad de Cek Bocek para proteger a sus habitantes de la creciente presencia de las compañías de extracción minera que provocan daños sociales, económicos y psicológicos en la población.

Rohani participó de la Escuela Global de Liderazgo del Foro Internacional de Mujeres Indígenas (FIMI) y, en el marco del plan de incidencia en los territorios que tuvo que producir, llevó adelante una propuesta para frenar los impactos negativos de la exploración de oro de una empresa multinacional en los medios de vida y objetos culturales en su comunidad inspirada en el “Bersiru”. Dice: “Este valor de mi cultura me influye, donde quiera que esté, donde quiera que vaya, me motiva a ser útil al prójimo. Para mí, la mejor persona es la que puede ayudar a los demás”.

Otra experiencia positiva es la de Chhing Lamu Sherpa (59), del Pueblo Sherpa de Nepal. Ella se define como guardiana de la montaña tal como aprendió de sus ancestros, a quienes les reconoce su sabiduría para defender la vida en todas sus manifestaciones. Nació en Pinjuling Katne, Udayapur, y es activista de derechos humanos y ecologista.

El ejemplo y perseverancia de su madre, quien fue perseguida y arrestada por una acusación falsa de haber roto la foto del rey, la honra y estimula a continuar aprendiendo, trabajando y liderando nuestra causa como Mujeres Indígenas. 

“Mi madre era analfabeta, me apoyaba porque tuve que luchar contra mi familia, mi sociedad, para asumir mi liderazgo, sin ella no lo hubiera logrado”, valora.

Chhing llegó a obtener un título de postgrado en Extensión Rural y Mujeres de la Universidad de Reading, Reino Unido y es presidenta de TEWA, una organización filantrópica de mujeres, además de fundadora de la organización del Espíritu del Este de la Montaña.

Al igual que Rohani, su paso por la Escuela Global de Liderazgo le sirvió para potenciar su trabajo y establecer acciones de coordinación y gestión de fondos para reunir conocimientos Indígenas relativos a los alimentos y a las prácticas sobre cómo enfrentar el cambio climático. 

Un recorrido similar al realizado por estas mujeres de los Pueblos Sasak y Sherpa hizo Wilma María Calderón Gostas (41), de raíz Miskitu, en Honduras. Ella reconoce su identidad como  Mujer Indígena por la que brota sabiduría, fuerza y espiritualidad y, a la vez, da sustento a su existencia y a su sentir como lideresa.

Nació en el Puerto Lempira, del departamento de Gracias a Dios, un lugar en el que el agua verde-azul del mar alimenta el espíritu y vida de la gente. Creció viendo las diferentes formas de actuar de los Miskitus según vivieran en Honduras o en Nicaragua. En el país vecino a causa de la guerra -entendió durante las acciones desplegadas en su juventud- tenían mayor conciencia en la defensa de los derechos humanos. 

Cuenta que dentro de los elementos que representan la filosofía de vida de los Miskitus está la organización “masta”: un sistema que ha enseñado los valores del respeto, solidaridad y pautas de resistencia que asumen los líderes que ahora están formados en 12 consejos territoriales y dan fuerza a la lucha.

Los bosques, la tierra, los conocimientos y lengua materna son elementos que hacen viva su cultura y cosmovisión, y que están presentes en el trabajo de las lideresas y los líderes de la comunidad. “Como objeto tangible de nuestra cultura Miskitu, puedo decir que esto es lo que a nosotros nos permite ese respeto mutuo.La solidaridad de ese espíritu de lucha por nuestros bienes comunes es lo que nos mantiene unidos en nuestro territorio”, asegura.

Si te interesan éstas historias, puedes conocer más sobre nuestras trayectorias y desarrollos comunitarios aquí

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